martes, 15 de marzo de 2016

Mi endometriosis y yo. Sufro y acepto.

En esta ocasión he querido demorar la publicación unos días y espero que me perdones por llegar nuevamente con algo de retraso. Estoy segura de que así será porque cuando me leas te darás cuenta de que ha sido por una buena causa. El motivo que me ha llevado a aplazar esta entrada es que quería llegar en el ecuador del mes. Marzo es el elegido para informar al mundo de que existe una desconocida, pero común, enfermedad que se llama endometriosis. Y yo, como enferma que cada día tengo que convivir con esta dolencia, no quería quedarme al margen y por eso estoy hoy aquí hablándote de ella.

endometriosis

Resumiendo mucho todo lo que circula por la red te puedo decir que la endometriosis se produce cuando el tejido endometrial, que reviste el útero, se adhiere a órganos que no debe y comienza a crecer de manera anormal provocando, principalmente, dolor. El grado de desarrollo de la enfermedad no se corresponde con la cantidad de sintomatología. Y, con más frecuencia de la deseada, suele ser la causa de un alto porcentaje de casos de infertilidad. Los tratamientos suelen ser de tipo hormonal, generalmente píldoras anticonceptivas, pero hay ocasiones en los que es necesario pasar por el quirófano (sin que ello, por supuesto, te asegure que la enfermedad no vaya a rebrotar). La endometriosis debe estar supervisada siempre por un profesional y debes saber que es un problema crónico (o al menos un problema con el que tendrás que convivir durante todo tu periodo fértil) y que puede hacerte perder calidad de vida. Si quieres más información, entre el gran número de espacios que existen, te recomiendo  una visita, por ejemplo, a los siguientes links:
Y no te pierdas este fantástico monólogo que, en clave de humor, describe de una forma bastante acertada cómo te puedes sentir teniendo endometriosis. ¡Espero que te guste tanto como a mí!


Y ahora sí... ¿has aprendido ya algo más sobre esta tremenda enfermedad? ¿Te has desanimado un poco al ver el panorama tan desolador que se nos ofrece? Pues, no te preocupes, se puede seguir siendo feliz a pesar de todo. Yo lo soy. ¡Te cuento mi experiencia! 

Vaya por delante que me considero una persona bastante afortunada porque tuve la suerte de ser diagnosticada con mucha rapidez y hasta el momento solamente he pasado por el quirófano en una ocasión. Pero, cuidado, eso no significa que mi caso no sea grave. A día de hoy tengo una endometriosis profunda, grado IV, con una estenosis del 80% en el recto (que se está manejando de manera conservadora y me ha dejado en la cuerda floja, a un paso de una nueva y complicada operación). Además estoy a la espera de los resultados de una resonancia que me han hecho hace poco porque mi ginecólogo sospecha que, aunque es raro, pudiera tener algún foco en el estómago y lo está investigando. Yo mientras estoy tranquila, no me merece la pena estar angustiada ahora y que luego no sea nada.

Mi historia comenzó hace 16 años, el día que decidí ir al ginecólogo por primera vez. Acababan de quitarle un quiste a una prima segunda y hablaba de una serie de síntomas de los que yo tenía prácticamente todos, especialmente una menstruación dolorosa. Oyendo su testimonio dije a mi madre que quería ir a que me miraran, que seguramente no tendría nada pero que así salía de dudas. A mi madre le pareció bien y pedimos una cita, nada nos hacía imaginar que en la ecografía que me realizaron detectarían cuatro quistes que me llevarían, a mí también, al quirófano. Y fíjate lo que son las cosas que, caprichos del destino, me operaron el mismo día que a mi prima pero un año después.

Tras la intervención, poco invasiva gracias a la cirugía laparoscópica, me confirmaron que padecía una endometriosis y me pusieron un tratamiento con Decapeptyl. Estuve sin regla casi siete meses, fue lo que llaman una menopausia inducida, y la verdad es que aquello para mí comenzó a ser el principio de la incomprensión. No voy a detenerme en ese capítulo, me extendería demasiado, y sí te voy a contar que, desde entonces, he tenido que realizarme más de una prueba poco agradable y estar con anticonceptivos durante largas temporadas. Probé Suavuret y Nuvaring pero no me fueron muy bien.

CRUIKSHANK George: The Cholic, 1819


Desalentada por no encontrar solución ni alivio al dolor, cansada de los "cólicos" y de tener que tomar porquerías con las que sentía que no me servían de nada, opté por modificar mi dieta y recuperar el viejo hábito de hacer deporte (si quieres puedes leer por aquí alguna de mis experiencias runneras). A los pocos meses de empezar con los cambios, cuando más feliz me sentía porque, a pesar de las adversidades, me notaba mejor, tuve que iniciar un tratamiento con Cerazet. Debo confesar que inicialmente no me hizo mucha gracia pero con resignación lo acepté y, objetivamente, creo que también me ayudó a entrar en el periodo más optimista de esta cruel enfermedad y así poder llevarla ahora con mayor serenidad.

En la actualidad ya hace dos años que estoy sin tomar nada y parece que voy empeorando poco a poco pero no llego, ni por asomo, a estar tan mal como cuando llevaba una vida sedentaria y comía cualquier cosa. Dejé Cerazet para buscar un embarazo que, aunque no he perdido la esperanza, a día de hoy empiezo a pensar que igual nunca llegará (esa es otra historia de la que todavía no me veo preparada para hablar). Los dolores siguen acompañando muchos de mis días, se han sumado también a la fiesta bastantes nauseas, pero más o menos ya he aprendido a llevarlo y hasta doy gracias porque podría estar peor (o, incluso, podría no estar).

Con la endometriosis, evidentemente, tu vida puede dejar de ser un camino de rosas y asemejarse más a uno lleno de rosales, pero en nuestras manos está la elección de la forma en la que queremos discurrir por ese calvario. Tenemos dos posibilidades de reaccionar: la fácil, que es quejarnos y sentirnos desdichadas por tener que afrontar una miserable enfermedad; y la más gratificante, aceptarla e intentar convivir con ella de la mejor manera posible. Sé que es muy sencillo decirlo y que resulta bastante más complicado ponerlo en práctica pero yo estoy convencida de que se puede. Todo es cuestión de proponérserlo e intentarlo.

¿Y tú, qué opinas? ¿Cuál crees que es la mejor forma de hacer frente a esta enfermedad? Me gustaría conocer otras experiencias. ¿Me cuentas las tuya?

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